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En cualquier laboratorio, ya sea académico, de investigación o de control de calidad, la precisión y la seguridad dependen en gran medida de la correcta aplicación de las buenas prácticas de laboratorio. Estas por lo general están agrupadas en normas oficiales, protocolos o dossiers internos; sin embargo, existen errores recurrentes que pueden comprometer los resultados experimentales, causando incertidumbre en el desempeño de algún procedimiento; reducir la vida útil del material y equipo utilizado, y en el peor de los casos generar riesgos para el personal, donde se puede comprometer hasta la vida de los usuarios.
A continuación, revisaremos cinco de las malas prácticas más frecuentes y cómo corregirlas.
1. Utilizar material de vidrio dañado
Uno de los errores más comunes es continuar utilizando vasos de precipitado, probetas, matraces o pipetas que presenten fisuras, astilladuras , rayones, bordes desgastados o incluso dañados y graduaciones desgastadas. Normalmente se culpa al presupuesto, indicando que no se puede cambiar el equipo hasta el próximo periodo, sin embargo, este argumento sigue sonando desde épocas en las que Antoine Lavoisier proponía sus teorías.
El utilizar este material desgastado puede llevar a rupturas inesperadas en procedimientos críticos del experimento, generando contaminación de la muestra por pequeños cristales liberados al medio, en el mejor de los casos. Desafortunadamente no siempre se trata de pequeñas trazas sino de rupturas totales, mismas que se traducen en derrames, pérdidas de la muestra y cortaduras severas.
Para prevenir esto es importante inspeccionar el material visualmente antes de cada experimento, de preferencia a contraluz, para que los "detalles" se vean con claridad, cuidando que la pieza sea retirada para que no se revuelva con el material en perfecto estado. Toda la cristalería dañada debe de disponerse de acuerdo a los protocolos de Higiene y Seguridad del lugar donde se encuentren.
Y finalmente, reponerlo lo antes posible por una pieza nueva, que cumpla con las certificaciones de calidad y si es necesario, cuente con su certificado de calidad
2. Realizar mediciones de líquidos incorrectamente
La medición incorrecta de líquidos continúa siendo una de las principales fuentes de variación de los datos en laboratorio, Entre los errores más comunes se encuentra la incorrecta lectura del material volumétrico (pipetas, buretas, probetas y matraces aforados), ya que se reportan mediciones vistas desde cualquier ángulo y no se verifica el nivel exacto del menisco formado.
Otra falta muy común es olvidarse de usar los instrumentos correctos, y realizando mediciones en vasos de precipitado o cualquier otro instrumento que no está diseñado para medir correctamente un volumen.
Finalmente, el error más desatendido ocurre cuando no se le da el debido mantenimiento a el material. Hay ocasiones en las que, por agilizar tiempo, colocan la cristalería recién lavada en el horno para eliminar el agua del lavado, dañando gradualmente la graduación con la que fue fabricado el instrumento. En el caso de instrumentos más avanzados como micropipetas o sifones, el mal mantenimiento incluye no cambiar las partes desechables como puntas y empaques, que en ocasiones solo se verifican hasta que el sistema ya ha fallado.
Se pueden seguir enlistando fallos, ya que este error es el más común, y dependerá siempre de la pericia del operador, pero entre las recomendaciones que podemos dar para resultados más confiables están:
- El uso del instrumento correcto de acuerdo con el volumen a usar y el procedimiento a realizar. Para pequeñas alícuotas, pipetas, micropipetas y jeringas puede bastar, para grandes volúmenes las probetas y sifones pueden desempeñar esta tarea. Realizar diluciones en matraces aforados y titulaciones con buretas.
- En el caso de la cristalería, realizar la medición a la altura del menisco, debemos de tomar el material y llevarlo a nuestra línea de visión, este se debe de adaptar a nosotros, no el usuario al material.
- Realizar el mantenimiento periódico del material volumétrico y cuidar que este siempre este limpio y listo para usar.
- En el caso especial de instrumentos con certificado de calibración, verificar que este se encuentre vigente y alineado a la Entidad Mexicana de Acreditación (EMA)
3. No etiquetar adecuadamente muestras y reactivos
La falta de identificación clara representa un riesgo importante en cualquier instalación. En ocasiones el uso o el tiempo hace que los etiquetados de los reactivos sufran cierto desgaste donde se pueden romper o borrar complicado la identificación de la sustancia de análisis. El no contar con un correcto etiquetado puede ocasionar que se pierdan fechas de elaboración de soluciones, toma de muestras y/o origen de estas, derivando en una pérdida de trazabilidad para un reporte correcto del proceso.
Para evitar esto se recomienda verificar el perfecto estado de los etiquetados y que datos como nombre del contenido, fecha de elaboración, responsable y concentraciones en cuando aplique, sean legibles en todo momento. En el caso de reactivos es imperativo que estén alineados al Sistema Globalmente Armonizado se cuenten con hojas de seguridad para el correcto manejo de este.
4. Descuidar la limpieza del material
Muchas veces el material parece limpio a simple vista, pero puede contener residuos microscópicos capaces de alterar los resultados. Cuando terminamos nuestros experimentos lo más difícil es el lavado y limpieza de aquello empleado en el proceso, el no hacerlo de manera oportuna, puede afectar al desempeño de otros experimentos futuros o no tener listo el material cuando se requiera, otras afecciones se pueden apreciar es un aumento en la variación de los resultados o que se empiece a deteriorar el instrumento antes de lo previsto.
Otro problema detectado en el momento de la limpieza es el uso de detergentes comerciales que se terminan adhiriendo a las paredes del instrumento o desgastando graduaciones o paredes prematuramente.
Para prevenir esto hay que tener un correcto protocolo de limpieza donde se cubran todas las posibles interferencias a eliminar, una propuesta debe de ser un prelavado con agua corriente, lavado con algún detergente especializado para material de laboratorio, enjuagado total con agua destilada o desionizada, secado, esterilizado si se requiere y almacenamiento.
Una limpieza adecuada contribuye significativamente a la reproducibilidad de los resultados.
5. Utilizar incorrectamente el Equipo de Protección Personal (EPP)
El Equipo de Protección Personal constituye la última barrera entre los riesgos presentes en el laboratorio y las personas que trabajan en él. Desafortunadamente, es frecuente observar prácticas incorrectas que disminuyen significativamente su efectividad. Entre los errores más comunes podemos ver una ineficiente capacitación en el uso del EPP, normalmente por negligencia o imprudencia del personal indicado a esta tarea; el no revisar la hoja de seguridad relacionada con los reactivos a usar, ya que, como lo revisamos anteriormente, el SGA obliga a exponer el material requerido para operar estos; o el no verificar el estado del equipo regularmente, permitiendo el reúso de material desechable, el uso de batas rotas o en mal estado; y finalmente el retirar el EPP antes de terminar el procedimiento.
Todos estos problemas nos llevan al contacto directo con sustancias químicas que pueden causar daños al organismo que pueden derivar en irritación, quemaduras e incluso fallecimiento, dependiendo el grado de riesgo.
Para garantizar una protección adecuada se recomienda el uso del EPP recomendado en las hojas de seguridad, verificar periódicamente el estado del equipo básico, donde se incluyen lentes de seguridad y batas, capacitar al personal sobre el uso correcto de cada elemento, y si es necesario, implementar algún instrumento de verificación "check list" antes de la operación, sustituir inmediatamente cualquier equipo dañado o contaminado. Y finalmente, pero no menos importante mantener una cultura de seguridad basada en la prevención y el cumplimiento de protocolos.
La seguridad en el laboratorio no depende únicamente de contar con el equipo adecuado, sino de utilizarlo correctamente en todo momento.
Las buenas prácticas de laboratorio no solo mejoran la seguridad, también permiten obtener resultados más precisos y confiables. La revisión periódica del material, el uso correcto de instrumentos, una adecuada identificación de muestras, el mantenimiento de procedimientos de limpieza y el empleo apropiado del Equipo de Protección Personal ayudan a reducir errores y proteger tanto al personal como a los procesos.
En ZCD Insumos de Laboratorio promovemos el uso responsable de materiales y equipos de calidad que contribuyan a crear laboratorios más seguros, eficientes y confiables.
